De pronóstico reservado
Me voy por unos días de viaje, ¿y qué me consigo? Los Astros se ponen en una posición muy comprometedora, tanto que un siempre optimista Phil Garner reconoce que depende de esta misma semana si Houston puede sobrevivir o no en la lucha por un puesto en la clasificación a la postemporada.
Gracias a una serie con resultados negativos en San Diego, una barrida por parte de los Cachorros de Chicago, debido a un tremendo pitcheo de Carlos Zambrano y el novato Ryan O’Malley y una serie dividida con los Cerveceros de Milwaukee, lo que se pintaba como una posible recuperación se convirtió en arar en el mar (hoy Roger Clemens, como de costumbre, dio una cátedra de pitcheo, y Houston ganó el encuentro 3-1).
Y así, las malas noticias se siguen apilando: Brandon Backe debe caer en la lista de incapacitados una vez más, Brad Lidge no termina de conseguirse consigo mismo, y por ello Garner ha decido usar un comité de cerradores.
Cuando escuché esa noticia, no pude sino tratar, por todos los medios, de no dar esta temporada por muerta. Pero qué difícil es.
La receta que llevó a los siderales a un campeonato de Liga en 2005 no fue ningún secreto: mantén a los bates contrarios a raya, que en el cierre Lidge era imbatible. Y por ello, el bateo poco productivo de los Astros no fue un obstáculo.
Pero este año, las cosas son distintas. Lidge va y viene, se le quita el rol de cerrador oficialmente en dos ocasiones ya. Y los bates no terminan de producir. Una receta para el desastre, sin lugar a dudas.
No queremos ser aves agoreras, pero hay que ver esta semana (a pesar de los supuestamente débiles rivales a los que se enfrentarán) como de pronóstico reservado. Cualquier resbalón, y debemos empezar a pensar en 2007.
Les confesaré que es una situación poco fácil de digerir para quien escribe, que a pesar de tratar de guardar una cierta objetividad no puede sino considerar este momento como un trago amargo. Amanecerá y veremos.