Una victoria es una victoria, pero…
Fue fea. Bien fea. Los Astros pudieron, finalmente, vencer a los Medias Blancas de Chicago por score de 10-9, luego de 4 horas y 25 minutos de juego, una interferencia, lluvia intermitente, y por segunda ocasión consecutiva, el colapso del bullpen sideral.
Pareciera que solo tendría que cambiar los nombres al post de ayer, porque la historia fue la misma. Ante una audiencia internacional (el juego estaba siendo transmitido en toda Norte, Centro y Suramérica), Roy Oswalt, como es su costumbre, lanzó un excelente juego de pelota por espacio de siete innings, en los que concedió dos carreras, cinco hits y abanicó a siete.
La ofensiva estaba haciendo lo propio, incluyendo el momento cumbre de dos vuelacercas
consecutivos en el quinto inning, gracias a los bates de Mike Lamb y Lance Berkman. Lamb sigue en su tremendo momento ofensivo, con promedio de .333, yéndose de 5-2 con dos remolcadas y tres anotadas, siendo éste su sexto bambinazo de la campaña. Berkman disparó su vigésimo segundo del 2006.
Dos carreras más de Houston impulsadas por elevado de sacrificio de Berkman y sencillo de Morgan Ensberg; y un jonrón de Paul Konerko pondrían el marcador 9-2 a favor de Houston antes del octavo.
Russ Springer recibió la responsabilidad, y de allí se pusieron color de hormiga para los seguidores de los Astros. Fue tan doloroso como ver ese video de Connie Chung que pulula en Internet.

Jonrón de 3 carreras de Tadahito Iguchi acercarían a los patiblancos al marcador. Y en el noveno, el nipón, con Brad Lidge en el morro, la enviaría a las gradas con las bases llenas. Ya saben que el grand slam ha sido la marca definitoria en esta serie. Y así, nos fuimos a extrainnings. Nuevamente lo incomprensible: Cómo se desperdició semejante ventaja, y una excelente actuación en el montículo de Oswalt? Si usted lo entiende, por favor escríbanos una nota.
El bullpen se reacomodó, para fortuna de Phil Garner y sus pupilos. Chad Qualls solo concedió un imparable en 2.1 entradas de labor, Trever Miller obtuvo un ponche en un tercio de inning, y el venezolano Fernando Nieve se anotaría otro triunfo en su haber con un 1.1 innings de buena actuación.
En el décimo tercero, Adam Everett, quien está conectando la bola muy bien en las últimas semanas, ligó triple con interferencia de un fanático; y fue remolcado por Willy Taveras con su indiscutible.

Así es. Debería correr la alegría ya que, finalmente, después de 6 encuentros, incluyendo 4 en la Serie Mundial del año pasado, se pudo vencer al equipo de Oswaldo Guillén. Pero no es así. Porque se sabe que esta no era la forma en que se debió haber ganado. En estos dos encuentros, ha sido el bullpen el gran responsable de haber arriesgado las aspiraciones de Houston al extremo. Hoy se ganó, como no, pero el titular debió haber sido, de todas todas, la soberbia actuación de Oswalt. No la interferencia de un fanático o el colapso del cuerpo de relevistas. Y por ello, la serie que se avecina contra los Tigres de Detroit no puede tener otro calificativo sino de "pronóstico reservado".