Escoba ajena
Como escritor, uno debe ponderar lo bueno y lo malo que ocurre en un juego de béisbol y con un equipo determinado, en aras de dar un panorama lo más objetivo posible. Pero la verdad es que hoy es muy poco lo que se puede rescatar del encuentro que acaba de concluir luego de 11 entradas, en las que los Rojos de Cincinnati vencieron 6-4 a los Astros de Houston, gracias a los potentes bates de Ryan Freel y Austin Kearns, quienes batearon dos cuadrangulares cada uno, incluyendo el decisivo; y con ello Cincinnati barrió la serie en el Parque Minute Maid.
Vamos a ver. Fernando Nieve lanzó bajo llamado de emergencia, cuando se determinó que Roy Oswalt no podría cumplir con su asignación de hoy. A pesar de haber otorgado vuelacercas a Freel y Kearns, no las tuvo tan mal que digamos: en total, fueron cinco entradas y solamente otorgó esas dos carreras provenientes de esos laberínticos batazos.
El encuentro fue un toma y dame en el que se llegó a extrainnings porque en el octavo Chris Burke con un doble, igualó las acciones. En el décimo, Cincinnati picó adelante con doblete impulsor de Felipe López, pero Burke nuevamente marcó el empate con otro tubey.
Y llegó el undécimo. Cincinnati batalló cada turno, exprimiendo a Dan Wheeler y luego a Russ Springer hasta el abuso. Y de ese desgaste, llegó el jonrón de 2 anotaciones que sería el definitivo.
Mientras los Rojos batallaban en cada oportunidad al bate, Houston se hizo presa de la desesperación, sin mayor selectividad al plato. Y por ahí, en esa guerra de desgaste, se fue el juego de hoy.