La soledad del Gigante

342xsectionmain_1Tenía todos los indicios de una noche tediosa: La receta del lunes se repitió. Wandy Rodríguez fue apaleado (6 carreras limpias, 10 hits en 3.2 innings), la defensiva de los Astros estuvo poco menos que ineficiente, con tres errores cometidos; y los Gigantes de San Francisco bateaban a placer, en un encuentro que terminó 14-3, asegurando la primera derrota de serie alguna esta temporada para los espaciales en el Parque Minute Maid.

Pero el elemento Bonds estaba ahí. Todos pendientes del slugger.

Y aunque no se fue de jonrón en esta ocasión tampoco, hubo motivo para que los asistentes al encuentro se dejaran de bostezos y dieran una ovación de pie.

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Russ Springer a la altura del quinto episodio, envió una slider que "se escapó de su control", o al menos esa fue la explicación oficial, y fue a parar a la humanidad del odiado Bonds, lo que provocó el aplauso de los aficionados. 

Es claro que Bonds no se ha granjeado las simpatías de nadie, y poco parece importarle. Más bien, parece estimularse con las pitas que recibe. No considera que debe dar explicación alguna por las acusaciones sobre uso de esteroides que lo han acompañado todo este tiempo, y que han llegado a su punto culminante en el libro Juego de Sombras.

Si Bonds llegase alguna vez a romper el récord impuesto por Hank Aaron, va a ser en verdad un momento muy triste para el béisbol. No por el hecho en sí: los récords están ahí para ser rotos. Sino porque muy pocos, o casi nadie, va a estar dispuesto a celebrarlo. Que le aproveche a Bonds su soledad.

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